Castillo de Peralada. Historia, vino y marketing

La noche estaba estrellada… Nos invitaron a tomar una copa de cava, en la visita guiada por el museo del Castillo de Peralada. Luego y hasta la media noche, se alargó el concierto de jazz con la voz cantante de Diana Krall.

Peralada

Era sábado, 21 de julio. Estábamos en el 30 aniversario del Festival del Castillo de Peralada. Anduvimos la víspera y la noche rodeados de Arte, historia y vino.

Peralada

El Castillo guarda verdaderas obras de Arte como el primero y segundos Quijotes, las auténticas cerámicas y los distintivos objetos de cristal de las historias de los Duques y sus posteriores propietarios.


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Carecería de sentido explicar esta historia, ceñidos únicamente a Diana Krall sin contar el por qué ella estaba allí, conmemorando la 3a década del certamen. Y, a santo de qué acuden, cada año, tantas estrellas en el Castillo de Peralada.

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El Castillo de Peralada, el centro del cosmos

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¿Son las estrellas, las celebridades, y las prestigiosas marcas las que brillan o bien son los tesoros del Castillo que iluminan a todo el mundo del Arte?

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Durante los años 60 las bodegas del Castillo de Peralada exponían sus vinos y cavas en ferias. Construyeron como una  tasca hecha con una bota de roble  gigante para dejar degustar sus vinos a sus clientes como stand de la marca. ¡Marketing de los años sesenta! -dijo la guía.

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Fue hacia los 90 que el viento de la noche empezó a girar en el cielo y cantaba. La dueña, la única heredera de la familia organizó los actuales Festivales del Castillo de Peralada.

Copa, cava y ¡música, Peralada!

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos, Diana Krall.

Su voz buscaba el viento para tocar mi oído. ¡Qué bonito el vino el que permite escuchar la voz de las estrellas!

Tiritaban, azules, los astros, a lo lejos…

Mi alma no se contenta con haberla perdido. Una perseguida fotografía con Krall hubiese durado más que su emotiva obra efímera.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.

A decir verdad, su voz entrañable y sus palabras conquistaron a los 1700 asistentes. Seguro.

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Sin embargo, me hubiese muy bien conformado con una sola captura inmortalizada a lado del batería, Karriem Higgins. Importante destello de la estrella, junto con el resto del grupo: el guitarrista, Anthony Wilson  y el bajista, Robert Hurst.

Higgins con una actuación impecable revolucionó la sangre en mis venas. Bombeó mi corazón.En mi opinión se merece nombre de estrella. Y…

Debí pedir una foto con él. Hubiese sido acertado como pedir el cielo a un amado. No se me ocurrió. Se suponía la estrella era la Diva Krall. Y eso que estábamos bajo el cielo estrellado y a la vez delante suyo; ¡rodeados de estrellas!

Que corto es el amor y que largo es el olvido… Por esto siempre me acordaré de este concierto. Por no haber pedido la foto con Higgins en vez de con Krall.

Siempre me quedará la próxima edición del Festival

Me gustaría adelantar los imparables cambios del marketing del s.XXI, donde a las marcas les salen voces ajenas e incontrolables. Y celebros a fuera de sus corporaciones que cuentan, crean y hacen crecer su luz.

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Sea como sea, desde siempre, los artistas, los fans, los clientes, la audiencia, y, ahora, con nuestros propios iphones y redes, podemos contar nuestro propio relato, bien sea épico o surrealista, sobre el Castillo de Peralada. (Arriba la imagen del dibujo de Dalí, en uno de los Quijotes).

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Al Castillo de Peralada,

¡Gracias por hacerme invitado!

Chin Chin